martes, 14 de septiembre de 2010

Ser o no ser popular: He ahí el dilema


Para los adolescentes, la popularidad es una necesidad vital y los colegios son el campo de batalla en el que compiten -o sufren- por alcanzarla.
Por Efraín Castillo/ Domingo, 5 de septiembre 2010 en Estampas"En el colegio de un lado están los cool, los que están en todo, y del otro, los nulos, los 'equis'". Las palabras son de Samuel Mariño, adolescente de 16 años, quien comenzará en breve su último curso de bachillerato. Su frase resume la realidad de muchas escuelas secundarias venezolanas, la de una segmentación que nada tiene que ver con secciones, intereses o edades sino con otro atributo: la aceptación social.

Samuel se considera a sí mismo popular, algo que, dice, se ha ganado trabajando año a año. "Soy un chamo que resalta, canto en un grupo, practico la fotografía, soy muy extrovertido y me gusta estar en todo, participar, mezclarme con la gente, dar mi opinión y ser tomado en cuenta. Ser popular es vital porque te conviertes en el centro de atención, todos quieren estar contigo. Los populares son los líderes que los demás siguen".

Melanie Ramírez iniciará ahora el noveno grado y se ve a sí misma como alguien incluido. "Yo hablo con todo el mundo, me buscan, me respetan, pero no soy de las que todo el colegio saluda". Aunque el tema no le quita el sueño, reconoce que la popularidad es fundamental en la vida cotidiana de su escuela. "Si eres popular, tienes más amigos y eso hace que amplíes tu círculo. Por eso mucha gente lucha por ser popular: para encajar en el grupo".

Precisamente encajar es el verbo más conjugado por los adolescentes. Así lo plantea Cristina Otálora, investigadora del Instituto de Psicología de la Universidad Central de Venezuela. "Para ellos es muy importante ser aceptados por la gente de su edad, porque se les despierta el deseo de separarse psicológicamente de sus padres. En la niñez los progenitores son su punto de referencia, pero en la pubertad los muchachos buscan otro espejo donde mirarse, piensan según lo que les plantean los que son como ellos y por eso quieren ser admirados o aceptados por el grupo"

Por eso, en la secundaria, construir relaciones sociales se convierte casi en un juego de estrategia en el que no sólo la empatía y la afinidad son suficientes para entablar nexos. Melanie siente que cuando entró al bachillerato perdió un poco de la inocencia con la que de niña conseguía amistades. "En la primaria era diferente porque simplemente te acercabas a otro niño, le preguntabas si quería jugar y punto. Ahorita tienes que evaluar la personalidad y el aspecto del otro. A veces es tanta la importancia que, si a un chamo lo ven hablando con otro que es 'nulo' , lo critican. Es muy poca la gente que se atreve a hablar con el que no es popular, porque se arriesga a ser separado por el grupo".

Ella misma ha visto cómo el tema ha acabado con amistades. "Hay gente que cuando entra a bachillerato se asocia con personas que antes ni siquiera trataba y para ser aceptada deja de saludar a sus anteriores 'panas'. En esos casos, es muy común que los acusen de 'cambia amigos'. Algunos, simplemente, dejan todo atrás con tal de ser populares o estar cerca de ellos".

De acuerdo a los psicólogos, aspirar a la popularidad tiene su lado positivo, pues contribuye a fortalecer ciertos rasgos de la personalidad. "Buscar ser aceptado o admirado por el grupo le da al muchacho confianza en sí mismo -apunta Otálora-, fortalece su autoestima y mejora su capacidad de relacionarse con otros a partir del afecto, de intereses y valores compartidos. Incluso, lo prepara para afrontar relaciones más serias en el futuro, como las de pareja".

"Al ser aceptado -confirma Melanie Ramírez- te sientes más seguro de ti mismo, los temores de hacer el ridículo incluso disminuyen porque sientes que tienes gente a tu alrededor que te entiende y te apoya. Eso te da confianza".

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